Lucho a veces con la sensación de fracaso.
El condicionamiento de la infancia es salvaje.
Más aún para los boomers.
No es ni un tópico ni una excusa.
Es un hecho.
Existen seres en este programa estocástico encarnatorio que no son funcionales en este sistema de conquista estratégica de siete centros.
Es una diferencia mitocondrial. Ahí es donde se produjo la mutación en 1781.
Son seres sin una gestión clara de su propia energía. Sus mitocondrias son especiales, pues son fábricas de ATP que funcionan por resonancia y no de forma autónoma.
A nivel cognitivo, la cosa se complica, pues celularmente —y no solo neuronalmente— están diseñados únicamente para apercibir y aprehender.
No hay respuesta estratégica, pues nada hay que conquistar.
Son un puzzle perceptivo de un organismo fractal holográfico emergente.
Un órgano cognitivo kósmico donde la química orgánica pasará a mejor vida.
El éxito receptivo consiste en describir lo que se percibe y se aprehende.
Expresar el awareness de la diferencia individuada.
Es lo que hago.
Escribir sin más.
A pesar de que la mente condicionada quiera la vanidad del reconocimiento, quizá en forma homogeneizada de cierta abundancia o de algún que otro aplauso.
Sigo.
Escribiendo.
Existiendo para un IT
que no sabe quién es.
© Alf Gauna, 2026