Aquellos ejercicios espirituales del 78

Estudié en un colegio de curas.

Sí, es como se decía en mi época cuando te educaban en un colegio religioso (católico para más señas y para mis lectores del este). Los chicos con lo curas y las chicas con las monjas.

Eran unos curas descafeinados, se denominan hermanos, por lo visto, los votos que hacían, eran mas lights que los habituales. No recuerdo bien si en la castidad, en la pobreza o en la obediencia, supongo que, como en todo, a discreción de las oportunidades de la carne fresca que la vida te traiga.

Estábamos como “isla de espartanos” rodeada de una agobiante melodía de seducción que conformaba una red de colegios de monjas exclusivamente femeninos. Los cantos de sirena, que desde ese objeto oscuro del deseo , que por aquel entonces representaba la mujer, despertaban nuestro Ulises en busca de los 20.000 y 1 sueños prohibidos y escribir nuestra propia Odisea Homérica.

Desde esa aventura romántica a lo “Romeo y Julieta”,

pasando por las orgías monásticas mas oscuras a lo “Memorias de una Cantante Alemana”,

el breve amor estival de “Grease”,

la adrenalina del sexo con el desconocido del “último tango en Paris”,

el triunfo del amor sobre la clase social de “Oficial y Caballero”,

la “olla” perdida de la Cavani y los incestos nietzschenianos de “Más allá del bien y del mal”

o el tormento sadomasoquista del Pasollini y su “Saló y los 120 días de Sodoma”.

Esa mezcla cultural católica de “santa o puta”, de “señora de” o de “amante” para las mujeres o de padre de familia o adultero-sádico maltratador para los hombres. La dicotomía “Big-Bang-uera” kabalista del Bien y del Mal entre brujas e inquisidores o madre-ama de hogar y padre-pluriempleado, con cartilla de familia numerosa.

A los seres de cognición derecha con infancias traumáticas sólo nos quedaba la imaginación. Que iba desde viajar por los mundos de la ciencia ficción al arte masturbatorio basado en el cuerpo de la mujer como objeto inalcanzable.

Dentro de esa superficie de chico tímido, responsable, aplicado, soñador había una biología de lobo estepario indomable que luchaba inconscientemente contra las mil y una caras del condicionamiento. Una rebeldía marcada genéticamente en un camino dorado dominado por claves esenciales en el período evolutivo que vivimos.

El posicionamiento de las claves de la mutación en mi genética no me hacen la vida fácil. Y conlleva un trabajo diario de gestión corporal a través del seguimiento de mi PHS y una gestión mental para dar salida a la pura consciencia receptiva.

Claro, esta es mi historia. Mi película. Es lo que mi naturaleza diferenciada quiere transmitir en este primer día de la ola de calor que se acerca. No me queda otra, mi cognición trata de esto.

Le comentaba a un cliente lo esencial que es para ciertas configuraciones tonales y perfiles genéticos “sorpasar”, lo entrecomillo pues las RAE no le gusta, todavía , veremos que dice Reverte, los “me gusta” sociales e incluso diría que en una primera etapa de descondicionamiento y de sanación de heridas , necesario para todos,

Como siempre esta entrada ha surgido con una canción. El aleatorio de Spotify despierta en mi caminos neuronales, conectosomas de mis personalidades pasadas que conforman mi historia de vida.

Neil Diamond me despertaba a las 8 de la mañana un otoño del 78, igual que lo ha hecho hoy cuando revisaba mis emails.

Me encontraba en “Los Molinos”, un pueblecito de la sierra de Madrid, donde los curas de mi colegio tenían un edificio para, en teoría, hacer ejercicios espirituales voluntarios.

En esa época cursaba COU, el segundo bachiller de ahora o el famoso “preu” de preuniversitario de los 60.

La novedad era que por designios divinos COU se abría a la mágica aventura de las chicas en las aulas.

Evidentemente, se “armó el belén”

y los ejercicios espirituales se convirtieron en el despertar del cuerpo.

Gracias a dios, podíamos confesar los pecados en tiempo real para librarnos de toda culpa

e incluso convertirlo en una competición al pecado más sofisticado y que, como es natural, siempre ganaba una chica.

Recuerdo con cariño sentir que realmente no había género, sólo el despertar corporal de unos jóvenes culturalmente condicionados deseando sentirse y fluir sexualmente en relación, sean entre chicos, entre chicas o entre chicos-chicas.

Ya veis lo espiritual y la biblia dan mucho juego en la aventura de explorar el supuesto “pecado del cuerpo”.

Quizá lo más espiritual de la vida, sea vivirla desde lo único presente y real que tenemos, nuestro cuerpo.

Más allá del Mindfullness un Bodyfullness cognitivamente pleno.

©Alf Gauna, 2021

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