Suero

Estoy cansado de la obligación biológica de nutrirse.

De todo el proceso, en especial del digestivo.

Entiendo la rebeldía de la anorexia y la bulimia.

Yo añadiría una más: existencial, kósmica si me apuras.

La pereza nihilista.

El desgaste energético, cuando no hay energía disponible, termina en drenaje.

Dicen que el proceso del proyector es a través del otro.

Pero yo añadiría: no solo del otro, sino de lo otro.

Elegir qué meterse en el cuerpo —con quién, cómo, cuándo, dónde—

me lleva al bloqueo.

Y ya ni hablemos del proceso digestivo:

masticar, tragar, los chorritos de ácidos gástricos y de bilis,

el páncreas, el intestino delgado, el grueso…

y, of course, que todo tenga bien de salir por iniciativa propia,

sin demasiado ego, por el black hole.

En una de esas operaciones que me hicieron,

recuerdo con una paz infinita

cuando el suero homeostático entraba directamente en vena.

¡Qué paz!

Ahí comprendes que lo emocional es la lucha por la nutrición.

Y cuando esta se vuelve continua y estable —el gota a gota del suero—

la homeostasis trae una claridad meridiana.

Va directa a la sangre, sin toxinas;

el hígado se relaja, el ser se libera,

la “G” emerge sin el condicionamiento de egos, bazos, sacrales, raíces ni plexos.

Es una pena que esos conocimientos de Design Humano

queden en el olvido, sepultados por el ego de la autoayuda.

Ya escribí varias veces cómo es el orden de diseño de los centros

en el embarazo de mami,

y cómo, cuando aparece el centro del ego —el Dasein, la biología de la relación—,

todo, de alguna manera, se convierte en una lucha.

Quizá por eso los egos definidos nos rendimos los primeros.

Sí, esa pereza existencial por vivir biológicamente,

cuando estábamos tan a gustito en el frío kosmos,

crionizados.

© Alf Gauna, 2025

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