Hay un mapa escrito por las estrellas que habla sobre ti y tu propósito en el paraíso de Gaia.
Todo son palabras.
Puedo describirlo de esta otra manera.
Hay una subrutina de un software kosmológico que detalla qué es lo que has venido a ejecutar en el hardware de Gaia.
O quizá de esta otra manera: todos somos hijos de Dios y, una vez que su hijo, el Cristo crucificado, ha redimido nuestras culpas, nos marca un camino para la salvación de nuestro espíritu.
Si eres más nihilista, algo así: no tengo ni puta idea de qué coño hago en esta puta encarnación de mierda. No tiene sentido, ni propósito, ni qué coño, ni falta que hace. Es una puta maldición.
Para otro fractal, todos somos uno, somos amor, qué bello es morir, incluso no choice, love yourself… Me gusta que me sodomice el kosmos…
Bueno, elige tu fractal. Es de libre elección, según los del libre albedrío.
Al final, quizá por puro aburrimiento, encuentras que ese mapa que el kosmos cincela en ese momento espaciotemporal de tu nacimiento te puede dar ciertas respuestas.
Respuestas que al menos tranquilizan la culpa y te pueden orientar para fluir mientras encuentras esos porqués existenciales que, ya te digo, nunca encontrarás y que, a lo sumo, lo mejor es que simplemente aceptes, si quieres con resignación cristiana.
Es «diver» jugar a encontrar respuestas en el sudoku de tu gráfica de Diseño Humano o en el de tu Camino Dorado y, si ya eres un crack, en la de tu Diseño Humano Integral.
Yo te acompaño a encontrar esas respuestas en ese Mapa del Tesoro.
Hay muchas formas de mirar.
Pero, claro, primero hay que quitarse las gafas del victimismo, del condicionamiento y de la homogeneización.
Si no, parece que todos, toditos, tenemos el mismo mapa del tesoro.
Y ya sabes, al final acabamos todos a hostias, movidos por la codicia, la envidia y la supervivencia.
You know, el juego se convierte en una batalla a lo Jumanji.
© Alf Gauna, 2026